domingo, 6 de marzo de 2016

"Testigos de misericordia"

Queridos diocesanos:

Este domingo 6 de marzo, Día de Hispanoamérica, la Iglesia de España recuerda a los misioneros que entregaron y entregan, día a día, su vida al servicio de la evangelización de los pueblos americanos. Es un hecho significativo que en la actualidad haya más de 9.000 misioneros y misioneras españoles cooperando con las Iglesias locales de América. En su mayoría son religiosos, pero también hay unos mil sacerdotes diocesanos y más de medio millar de laicos españoles, muchos de ellos enviados como familias misioneras.

El recuerdo, la oración y la ayuda a todos ellos se da en pleno curso del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Por eso, el lema elegido para este día «Testigos de misericordia», es una forma de hacer efectiva la respuesta a la invitación del Papa a «contemplar el misterio de la misericordia» (MV 2), a dejarnos abrazar por el amor compasivo de Dios y a convertirnos en discípulos, testigos y misioneros de su misericordia.

El Papa Francisco, en su viaje apostólico a la Diócesis de Morelia, Méjico, hizo memoria agradecida de un “misionero” abulense, Vasco de Quiroga, un evangelizador de primer orden en América «que amó tanto este lugar que se hizo hijo de esta tierra». Este abulense, nacido en Madrigal de las Altas Torres, fue enviado en 1530 para representar al rey en esos territorios que recibían el nombre de Nueva España. Siendo juez de la Segunda Audiencia, destacó de tal modo por su vida austera y por el cuidado de las poblaciones indígenas, que fue nombrado obispo de una recién creada diócesis,  en la que se empeñó para que recibieran educación y construyó “pueblos-hospitales” para atender a tantos indígenas sin recursos.

El Papa recordaba el testimonio del propio don Vasco: «Me arrancaron de la magistratura y me pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y enteramente inhábil para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo, me eligieron primer Obispo de Michoacán» (Carta pastoral, 1554). En la misa que presidió con los sacerdotes, seminaristas y religiosos, el Papa Francisco, como gesto de comunión con el evangelizador Tata Vasco, utilizó su mismo báculo y su cáliz.

También a mí, como obispo de la tierra que vio nacer al Siervo de Dios Vasco de Quiroga, me gustaría hacer con el Papa y con vosotros memoria de este evangelizador,  “el español que se hizo indio”. La realidad que vivían los indios purhépechas, descritos por él como “vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos”, lejos de llevarlo a la tentación y la acedía de la resignación, movió su fe, su vida y su compasión, y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen un “respiro” ante una realidad tan paralizante e injusta. El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Todo esto le ganó el nombre entre los indios de “Tata Vasco”, que en lengua purhépecha significa: “papá”» (Homilía, 16/02/2016).

Queridos diocesanos, que al recodar a los misioneros españoles y orar por ellos, nos sintamos unidos en comunión con la acción evangelizadora de la Iglesia y se despierte en nosotros, cada día y cada vez más en nuestros ambientes cotidianos, nuestro deseo de ser discípulos misioneros; y que la Virgen María, estrella de la evangelización, nos regale sus ojos misericordiosos para anunciar a todos la Buena Noticia de Jesucristo.
Con mi bendición y afecto. 

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