domingo, 10 de enero de 2016

"Un año nuevo de misericordia y solidaridad"

¡Feliz año 2016, queridos diocesanos!

Hemos celebrado la Navidad, tiempo en que contemplamos a Dios asumiendo la carne humana para elevar nuestra naturaleza a la dignidad de hijos de Dios. La humanidad no es indiferente para Dios, Él no  nos abandona. Sin embargo, volvemos la mirada al año pasado y vemos guerras y atentados, secuestros y persecuciones, exiliados y refugiados, una situación que el Papa califica como “tercera guerra mundial por fases”.

Ante las complejas situaciones del presente, la Iglesia nos exhorta: “Vence la indiferencia y conquista la paz”. El Papa nos invita a cambiar nuestra indiferencia ante los demás por una actitud de misericordia. El Concilio Vaticano II, cuyo cincuenta aniversario hemos celebrado en 2015, nos asegura: «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo» (GS 1).

En esta perspectiva, el Papa nos invita a rezar y trabajar para que todo cristiano pueda ejercitar un corazón humilde y compasivo, capaz de anunciar y testimoniar la misericordia, de «perdonar y de dar», de abrirse «a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea». Para eso nos concede el Jubileo de la Misericordia.

Dios, en su Hijo, se ha encarnado y se ha hecho solidario con la humanidad: «el primogénito entre muchos hermanos» nos enseña a ser misericordiosos como el Padre (Lc 6,36); en la parábola del buen samaritano denuncia la omisión de ayuda frente a la urgente necesidad de nuestros semejantes: «lo vio y pasó de largo». Así, con su ejemplo, nos invita a detenernos ante los sufrimientos de este mundo para aliviarlos.

Misericordia es el corazón de Dios. Por eso debe ser también el corazón de cuantos formamos parte de la gran familia de hijos de Dios: un corazón que late fuerte allí donde la dignidad humana está en juego. Por eso «es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella misma viva y testifique en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre» (MV 12).
La misericordia tiene una hermana: solidaridad. Consiste en «la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos» (Sollecitudo rei socialis, 38). Porque la compasión surge de la fraternidad.

La solidaridad como virtud moral y social, fruto de la conversión personal, exige el compromiso de aquellos que tienen responsabilidades de gobierno y educativas: gobernantes, familias, educadores y quienes se dedican a la cultura y a los medios de comunicación social. Necesitamos promover una cultura de solidaridad y misericordia para vencer la indiferencia. La paz es fruto de una cultura de solidaridad, misericordia y compasión.
El Papa nos anima al comenzar este año: «no perdamos la esperanza de que 2016 nos encuentre a todos firme y confiadamente comprometidos, en realizar la justicia y trabajar por la paz en los diversos ámbitos. Sí, la paz es don de Dios y obra de los hombres. La paz es don de Dios, pero confiado a todos los hombres y a todas las mujeres, llamados a llevarlo a la práctica» (Mensaje, 8/12/2015).

Que María Santísima, Madre atenta a las necesidades de la humanidad, nos obtenga de su Hijo Jesús, Príncipe de la Paz, el cumplimento de nuestras súplicas y la bendición de nuestro compromiso en favor de un mundo fraterno y solidario.


+ Jesús, Obispo de Ávila

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