viernes, 25 de diciembre de 2015

"Anunciadlo como los pastores"

«Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre». Con estas palabras el Papa nos anuncia el misterio de la Navidad. El niño Jesús, nacido en un pesebre, sin protección alguna fuera de sus padres, es un regalo de la misericordia de Dios para la humanidad. Jesús es misericordia que alcanza a cada persona y anuncia una nueva humanidad.

A pesar de no haber encontrado sitio en posada alguna, al niño que nos trae la paz y la salvación sí hay quien le acoja: lo acogen sus padres, nace entre animales y lo adoran los pastores.
«En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando su rebaño. De repente un ángel del Señor les dijo: Os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo. Los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y se volvieron dando gloria y alabanza a Dios» (Lc 2, 8-20). Ávila, tierra de pastores, agricultores, ganaderos, también somos invitados a contemplar el misterio de Belén.

¿Cómo eran aquellos hombres? En su ambiente, los pastores eran despreciados; se les consideraba poco de fiar y en los tribunales no se les admitía como testigos. Ciertamente no eran grandes santos, si nos referimos a personas de virtudes heroicas. Eran almas sencillas. Quizás en este retrato descubramos alguna semejanza con nosotros. El evangelio destaca una característica en estos hombres: eran personas vigilantes. Vigilantes porque pasaban la noche velando sus ovejas; pero también porque estaban dispuestos a oír el anuncio del ángel, la palabra de Dios. No estaban cerrados en sí mismos, tenían un corazón abierto. En lo más íntimo de su ser esperaban algo. Su vigilancia era disponibilidad para escuchar y caminar (cf. Benedicto XVI, Homilía, 24/12/2005). Los pastores que oyeron la noticia del nacimiento de Salvador, salieron corriendo a contemplarla y luego a pregonarla. Esta dinámica expresa la experiencia del creyente: oímos el anuncio, encontramos al anunciado y nos convertimos en anunciadores.

Primero, anuncio de la noticia. El cristiano creyente es aquel que ha escuchado la Buena Noticia de Jesús en la familia, o en la catequesis, o en la liturgia de la Iglesia. Es allí donde nace la fe, donde comenzamos a andar en relación con Dios. Después, para crecer y madurar en la fe hay que pasar de lo que hemos “oído” al encuentro con Aquél del que hemos oído hablar.

Luego, encuentro con el anunciado. Después de acoger el anuncio sobre Jesús es necesario establecer una relación personal con él; encontrarnos con Cristo. Él sale a nuestro encuentro en cada persona y cada acontecimiento de nuestra vida, está a la puerta de nuestro corazón, de nuestra familia, de nuestra comunidad, llamando y esperando que le abramos y le invitemos a entrar.

Finalmente, anunciadores de la Buena Noticia. Quien se ha hecho amigo de Jesús sabe que no puede sino anunciarlo a otros. La salvación que nos trae no es algo para guardar como un asunto personal. Dios viene a salvarnos a todos, «Él salvará a su pueblo de sus pecados» dijo el ángel a José. 

Queridos amigos, en esta navidad Dios se pone en nuestras manos con la fragilidad de un niño para que lo acojamos, y en él acojamos a todos. Nos trae la paz y la dicha, nos salva de nuestros pecados y nos convierte en instrumentos de su amor y su paz. Que cuantos hemos escuchado la Buena Noticia nos pongamos en camino para encontrarle, le acojamos en el alma y nos dispongamos a anunciarlo a los demás. ¡Feliz misericordia de Dios en la Navidad!

+ Jesús, Obispo de Ávila

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