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domingo, 8 de noviembre de 2015

Padres: enseñemos a rezar a nuestros hijos

Queridos diocesanos:

Acaba de clausurarse en Roma el Sínodo de las Familias, en el que los obispos han reflexionado y dialogado sobre la institución familiar y la sociedad actual. Muchas han sido las cuestiones tratadas al respecto, hoy me detengo en una de ellas: la importancia de los padres como educadores y transmisores de la fe a sus hijos.

El número 67 del documento final del Sínodo propone: “es importante que los padres se involucren activamente en el camino de preparación para los sacramentos de la iniciación cristiana, en calidad de primeros educadores y testimonios de fe para sus hijos”. En efecto, el padre y la madre tienen esa especial misión en la Iglesia, que les lleva a enseñar el camino de la fe a sus hijos desde su infancia. Un camino que se inicia con la oración, como medio de “tratar de amistad con quien sabemos nos ama”, conforme al magisterio de Santa Teresa.

En muchas familias ahora ya no se reza. ¿Por qué razón? Las prisas, las distracciones, la falta de hábito… Decía el Papa Francisco el pasado mes de marzo que nos hemos acostumbrado a vivir en una sociedad que ha olvidado a Dios, “donde los padres ya no enseñan a los hijos a rezar ni a santiguarse. Yo os pregunto: vuestros hijos, vuestros niños, ¿saben hacer la señal de la cruz? ¿Se lo habéis enseñado? Pensad y responded en vuestro corazón. ¿Saben rezar el Padrenuestro? ¿Saben rezar a la Virgen con el Ave María? Pensad y respondeos. Este habituarse a comportamientos no cristianos y de comodidad nos narcotiza el corazón”  (Audiencia General, 5 de marzo de 2015)

Verdaderamente es una tarea hermosa el acompañar a los hijos en sus primeros pasos, también en lo que afecta a la vida espiritual. La familia es una comunidad de fe, esperanza y amor, por eso a la familia se la llama  "iglesia doméstica". Un hogar debe ser también un lugar de oración y de evangelización. Como señala el Sínodo, los padres están llamados a transmitir la fe a los miembros de su familia. En cierta manera están asumiendo el papel de guías espirituales de sus propios hijos y son para ellos sus primeros catequistas.

Pero ¿cómo podemos hacerlo? Antes que nada, recordemos que los niños aprenden por imitación, son como esponjas que absorben todo lo que ven y escuchan a su alrededor. Por ello, el primer paso consiste en que los hijos vean a sus padres rezar. Sólo así el hábito de oración surgirá en ellos con naturalidad. Es más, si el pequeño ve a su papá o a su mamá integrando la oración en sus quehaceres y rutinas diarias, podrá percibir la presencia de Dios en su hogar como algo espontaneo, bueno y necesario; y aprenderá actitudes que irán generando en él la sensibilidad religiosa. Se trata del despertar religioso. Los padres deberán enseñar a rezar a sus hijos, antes que con las palabras, con su testimonio de vida, “dando ejemplo” y siendo testigos de Cristo resucitado. El proceso de imitación que tienen los hijos respecto de sus padres hará el resto.

El segundo paso consiste en rezar con ellos. Hay que hacer participar al niño en la oración: que aprendan a santiguarse, a hacer la señal de la Cruz, a repetir algún canto, a rezar el padrenuestro o el avemaría, o simplemente a estar en silencio hablando Dios. Un ratito de oración antes de acostarse para dar gracias a Dios por el día que acaba, o al levantarse para pedirle que bendiga una nueva jornada, puede ser el comienzo de la vida de oración. Existen oraciones sencillas con las que todos hemos aprendido a rezar. ¿Quién no recuerda “Jesusito de mi vida”, o “Cuatro esquinitas tiene mi cama”? Es la prueba de que la oración queda grabada en la experiencia de los niños como algo gratificante, que pertenece a la vida de la familia, como reunirse, hablar, reír, discutir o divertirse.

Queridos padres: no os dejéis vencer por el desafecto social hacia lo espiritual. Acompañar a vuestros hijos en la fe es el mejor legado que podéis dejarles. La oración es un momento precioso para hacer más sólida la vida familiar, la amistad ¡Aprendamos a rezar cada vez más en familia y como familia!

Con mi bendición,

+ Jesús, Obispo de Ávila

domingo, 4 de octubre de 2015

"La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo"


Queridos diocesanos,

Este domingo 4 de octubre da comienzo la XIV Asamblea General Ordinaria de los Obispos sobre el tema “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”, que junto a la Asamblea sinodal realizada en octubre del año pasado, resultan integradas en un único proceso sinodal, con dos etapas celebrativas y un tiempo de reflexión y de profundización teológico-pastoral. Os ofrezco algunos textos que nos hablan de las preocupaciones del Sínodo.

«Fieles a las enseñanzas de Cristo miramos a la realidad de la familia hoy en toda su complejidad, en sus luces y sombras. Pensamos en los padres, los abuelos, los hermanos y hermanas, los familiares próximos y lejanos, y en el vínculo entre dos familias que se crea con cada matrimonio. El cambio antropológico-cultural hoy influye en todos los aspectos de la vida y requiere un enfoque analítico y diversificado» (Relatio synodi, 5).

«A fin de verificar nuestro paso en el terreno de los desafíos contemporáneos, la condición decisiva es mantener fija la mirada en Jesucristo, detenerse en la contemplación y en la adoración de su rostro. En efecto, cada vez que volvemos a la fuente de la experiencia cristiana se abren caminos nuevos y posibilidades inesperadas. Jesús miró a las mujeres y a los hombres con los que se encontró con amor y ternura, acompañando sus pasos con verdad, paciencia y misericordia, al anunciar las exigencias del Reino de Dios» (Relatio synodi, 12).

«El don recíproco constitutivo del matrimonio sacramental arraiga en la gracia del bautismo, que establece la alianza fundamental de toda persona con Cristo en la Iglesia. En la acogida mutua y con la gracia de Cristo los novios se prometen entrega total, fidelidad y apertura a la vida, y además reconocen como elementos constitutivos del matrimonio los dones que Dios les ofrece, tomando en serio su mutuo compromiso, en su nombre y frente a la Iglesia» (Relatio synodi, 21).

Pero también somos conscientes de que las relaciones humanas son frágiles y no siempre se acierta en el camino de maduración afectiva personal y como pareja. Por eso, «cuando los esposos experimentan problemas en sus relaciones, deben poder contar con la ayuda y el acompañamiento de la Iglesia. La pastoral de la caridad y la misericordia tratan de recuperar a las personas y las relaciones» (Relatio synodi, 44).

Los temas a tratar en el Sínodo son muchos y muy variados, como por ejemplo: cómo guiar a los prometidos en el camino de preparación al matrimonio; el acompañamiento en los primeros años de la vida matrimonial; cuidar de las familias heridas (separados, divorciados no vueltos a casar, divorciados vueltos a casar, familias monoparentales); el desafío de la educación y el rol de la familia en la evangelización, etc.

Queridos diocesanos, «el Sínodo de los Obispos, reunido en torno al Papa, dirige su pensamiento a todas las familias del mundo con sus alegrías, fatigas y esperanzas. En particular, siente el deber de agradecer al Señor la generosa fidelidad con la cual tantas familias cristianas responden a su vocación y misión» (Relatio synodi, 1).

Encomendamos a la Familia de Nazaret los frutos del Sínodo, que tanto bien nos hará a toda la Iglesia, a la vez que oramos por todas las familias con la plegaria propuesta por Papa Francisco: «Santa Familia de Nazaret, haz de nuestras familias lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio. Jesús, María y José, escuchad y acoged nuestra súplica».

Con mi bendición para todos,


+ Jesús, Obispo de Ávila