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jueves, 28 de abril de 2016

LOS SANTOS DE LA MISERICORDIA | San Pedro Claver, misericordia hacia los lejanos

Si hablamos de misericordia, no podemos olvidarnos de los misioneros, que juegan un papel fundamental en la evangelización de los pueblos. Uno de ellos fue Pedro Claver, misionero jesuita español que desempeñó una vasta labor evangelizadora en Cartagena de Indias.

Hijo de labradores, Pedro desarrolló muy temprano una férrea vocación religiosa, y a los 15 años recibió la tonsura eclesiástica. Se trasladó a Barcelona para iniciar estudios de gramática en el Estudio General de la Universidad. Tras ello,  decidió ingresar en la Compañía de Jesús. Cuando tenía 30 años, pidió a sus superiores que lo dejaran marchar a América. Así, el provincial le envió a ayudar al padre Sandoval, que tenía a su cargo la catequización de los indígenas. En 1622 hizo su profesión con un voto muy particular: “Petrus Claver, aethiopum semper servus” (“Pedro Claver, esclavo de los negros para siempre”). Era lo que quería ser y lo que siempre fue.

El padre Claver ejerció su apostolado con total dedicación, siguiendo el procedimiento empleado por el padre Sandoval. Cuando el gobernador le anunciaba la llegada de un barco negrero, trataba de averiguar de qué región procedía su “carga”, con objeto de buscar los intérpretes adecuados para hablar con los esclavos. El religioso pasaba con ellos al buque negrero, al que llevaba regalos como naranjas, limones, tabaco, pan o aguardiente. Bajaba a las bodegas y decía a los esclavos que estaba allí para cuidar de que los blancos les trataran bien; les aseguraba que no iban a matarlos, como a menudo creían, y les alentaba a abrazar la fe cristiana, para lo que debían instruirse. Luego preguntaba por los enfermos y los niños nacidos en la travesía, a quienes dedicaba sus cuidados de urgencia. Cuando le impedían subir al buque negrero, hacía lo mismo en los almacenes donde se hacinaban los esclavos. Claver repetía las visitas varios días, y dedicaba después varias horas a la catequesis por medio de los intérpretes. Esta labor solía hacerla en un patio, ante un cuadro de Jesús crucificado, y terminaba con el acto de contrición. Cuando los catecúmenos estaban bien instruidos procedía a bautizarlos, y luego les entregaba unas medallas de plomo que tenían impresos los nombres de Jesús y María.

Con el tiempo, no llegó a necesitar de intérpretes, pues aprendió a hablar en varios dialectos, reuniendo alrededor suyo a un numeroso grupo de catequistas. Esta entrega le sirvió para convertirse en “Patrón universal de las misiones entre las poblaciones negras”

lunes, 1 de febrero de 2016

Los consagrados de Ávila podrán ganar el Jubileo este martes, en la fiesta de las Candelas

  • El Obispo de Ávila preside una Eucaristía a las 18 horas en la Catedral, en la que, además de servir para lucrar la Indulgencia Plenaria, se clausurará el Año de la Vida Consagrada
  • El Vicario para la Vida Consagrada anuncia, además, la llegada a la diócesis de tres jóvenes keniatas, aspirantes a entrar en la congregación de Hijas del Buen Pastor y María Inmaculada, como fruto de la feria de vocaciones que se instaló en Ávila con motivo del Encuentro Europeo de Jóvenes


Mañana martes 2 de febrero, la Iglesia católica celebra la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor en el Templo (popularmente conocida como de “las Candelas”, cuarenta días después de Navidad) En ese día tendrá lugar la XIX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, bajo el lema “La vida consagrada, profecía de la misericordia”. En este año 2016 esta jornada tiene un significado especial por marcar la clausura del Año de la Vida Consagrada, que comenzaba el 29 de noviembre de 2014. Sin duda, ha sido un año para reflexionar sobre el gran don que suponen las vocaciones de especial consagración para la Iglesia y para el mundo. Con este motivo el Obispo de Ávila, Mons. Jesús García Burillo, presidirá una Eucaristía este 2 de febrero en la S.A.I. Catedral a las 18 horas, que servirá como clausura del Año de la Vida Consagrada. Además, será el momento del Jubileo de los consagrados dentro del Año de la Misericordia, por lo que en dicha Eucaristía podrán lucrar la Indulgencia Plenaria.

En una carta dirigida a todos los fieles, el Vicario Episcopal para la Vida Consagrada ha destacado el hecho de que, debido a la celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa ha pasado por nuestra diócesis un gran número de personas consagradas de la práctica totalidad de Institutos religiosos de la Iglesia (con especial presencia de la familia carmelitana), dejando todas ellas una huella imborrable de testimonio y alegría. D. Juan Navarro recuerda en su misiva “las casetas de las diversas formas de vida consagrada que, con ocasión de la Jornada Europea de la juventud, se mostraron en la Plaza de Mosén Rubí, a las que acudieron muchos jóvenes en busca de información y orientación”, y anuncia con alegría que, “como fruto palpable de aquella manifestación” hace unos días han llegado a la diócesis tres jóvenes de Kenia como aspirantes a la casa de la Institución de las Hijas del Buen Pastor y María Inmaculada.

En el marco de la jornada de este año, el Vicario destaca que “las comunidades de Vida Consagrada están viviendo este Año de la Misericordia con toda intensidad, orando y planteándose comunitariamente como ser mejores cauces de la misericordia del Padre”. Y pide la oración y el estímulo de todos “para que nuestras comunidades de vida consagrada puedan llevar a cabo esta llamada de ser espacios y cauces de la misericordia del Padre”

martes, 26 de enero de 2016

"Llevamos a los enfermos una palabra de aliento, de esperanza desde la fe en Cristo"

Nuevo especial para conocer cómo se realizan las distintas obras de misericordia en la diócesis. Comenzamos por una de las corporales: la visita al enfermo. En el ámbito de la Pastoral de la Salud, el sacerdote  Jesús Sánchez es el coordinador del Servicio Religioso Católico en el Complejo Asistencial de Ávila 
(Hospital Ntra. Sra. de Sonsoles y Hospital Provincial)

-¿Cuál es la tarea principal de un capellán en el ámbito hospitalario?
Lo fundamental para lo cual el Sr. Obispo nos ha enviado allí es para realizar una atención pastoral de los enfermos, de sus acompañantes y de los profesionales de la salud.  Intentamos hacerles llegar esa fe en Jesucristo a través de los Sacramentos (de la Eucaristía, de la Unción del Enfermos, del Perdón), así como estamos presentes en ese acompañamiento al final de la vida. Cada día visitamos a los enfermos y sus familiares en las habitaciones, llevando una palabra de aliento, de esperanza desde la fe en Cristo.

- ¿Cómo se propicia esa visita al enfermo: es él quien la solicita, o es iniciativa del capellán?
Se dan las dos situaciones. A veces el enfermo requiere la presencia del sacerdote para recibir algún Sacramento. Pero también nosotros vamos haciendo visitas regularmente por las diferentes plantas, encontrándonos con los enfermos. Y en esas visitas, si requieren algo de nosotros, se lo ofrecemos.

- ¿Cuál es la acogida que percibís por parte de los enfermos?
En general, es una acogida muy positiva. El hospital es también un centro de humanización. Cuando uno acude allí por enfermedad, necesita encontrarse con otro ser humano que le dé esperanza, una respuesta a su problema. Y no hablamos únicamente de sanación física, sino también espiritual. Es curar también el alma, que al final puede redundar también en una mejoría del propio cuerpo, infundir fuerzas para seguir con la lucha.

-Ante una situación de salud extrema o delicada, ¿habéis constatado que el enfermo o sus familiares se acercan más a su fe?
Normalmente cuando uno se encuentra en un momento crucial, se aferran a lo más esencial de su vida, lo que  pueda darle respuesta a los interrogantes que en esos instantes se puede plantear. Es ahí cuando necesitan una palabra de aliento, de esperanza. Muchas personas se reencuentran en esos momentos con sensaciones y creencias que habían olvidado. Es una oportunidad para ayudarles a encontrarse con ellos mismos, pero también con el Señor. Un Dios que no te condena, sino que te acoge, vivas en la situación que vivas. Encontrarte en el hospital con la enfermedad y la muerte, sobre todo cuando son personas muy jóvenes, es duro; pero todo esto otro que te estoy contando es lo que te llena de paz. Son experiencias preciosas.

- Podría darse el caso contrario, y que una persona muy creyente se alejara de Dios, “enfadada con El” ante momentos de dificultad …
Es gente que cree en un Dios que ya no predica la Iglesia: un Dios castigador, que nos pone a prueba con la enfermedad. Cuando llegan esos momentos duros, se rompen, y empiezan a preguntarse por qué a ellos. Nosotros les mostramos no un Dios que castiga, sino un Dios que se une a tu dolor, que coge tu cruz y te ayuda a vivir esa enfermedad que ha venido por diversas circunstancias. Y el hecho de saber que Él está contigo, que te acompaña, te da fuerzas para seguir adelante y te da la esperanza de la vida eterna. Nosotros intentamos ayudarles a vivir más ampliamente la dimensión de su realidad. Que la vida es muy bonita, pero tiene momentos difíciles; y, si tienes fe, lo vas a vivir de un modo diferente.

jueves, 21 de enero de 2016

LOS SANTOS DE LA MISERICORDIA | San Martín de Porres, misericordia por los marginados

Comenzamos un repaso por los grandes santos ligados a la misericordia con el milagroso San Martín de Porres, cuya imagen podemos venerar en el Monasterio de Santo Tomás de Ávila. Hijo no reconocido de un caballero español y una esclava panameña, nació en Lima (Perú) a finales del siglo XVI. Desde muy pequeño sintió la fuerza del espíritu, guiado en la fe por su propia madre. De niño estuvo trabajando de aprendiz en casa de un boticario.  En la adolescencia se vio impulsado a entrar en el Convento de Nuestra Señora del Rosario. Sin embargo, las esctrictas leyes de aquel entonces le impedían ser religioso por el color y por la raza, por lo que Martín de Porres ingresó en un primer momento como Donado. Sin embargo, él se entrega por completo a Dios y su vida estará presidida por el servicio, la humildad, la obediencia y un amor sin medida. Su vida conventual no siempre fue sencilla debido a los convencionalismos sociales del momento. No en pocas ocasiones habrá quien le hable con desprecio, refiriéndose a él como “perro mulato”. Sin embargo, él siempre respondía con una sonrisa en su rostro.
Imagen de San Martín de Porres, ubicada en el
Real Monasterio de Santo Tomás (Ávila)

Muy pronto empieza a entregarse a los más necesitados. Con su experiencia como boticario, practicaba la caridad día y noche, curando enfermos, “dando limosna a españoles, indios y negros, a todos quería, amaba y curaba con singular amor”, dicen quienes escribían sobre él. La portería del convento se convierte en un reguero de soldados humildes, a los que él recibía con amor repiriendo que “no hay gusto mayor que dar a los pobres”. Así, el despectivo calificativo anterior con que se referían a él se torna en el apelativo de “Martín de la Caridad”, indicativo de la abnegación con la que se entregaba a los enfermos y necesitados. Su fama se hizo muy notoria y acudía gente muy necesitada en grandes cantidades. Los desvalidos lo esperaban en la portería para que los curase de sus enfermedades o les diera de comer. Martín trataba de no exhibirse y hacerlo en la mayor privacidad. La caridad de Martín no se circunscribía a las personas, sino que también se proyectaba a los animales, sobre todo cuando los veía heridos o faltos de alimentos.


Muy preocupado también por los huérfanos, limosneros y personas sin hogar que deambulaban por las calles avocados a la mendicidad, funda para ellos el Asilo de Santa Cruz. Allí acogió a quienes necesitaban de más ayuda, garantizándoles no sólo asistencia, sino también educación. Cuenta con donaciones de nobles y ricos del lugar, creando así una especie de “curación social”. De hecho, en Perú es considerado “Patrón de la Justicia Social”.

martes, 12 de enero de 2016

INFOGRAFÍA: Las Obras de Misericordia

Sí, seguro que te las aprendiste para hacer la Primera Comunión. Pero, ¿de verdad te acuerdas de cuáles son las Obras de Misericordia? Ojo, porque el Papa Francisco nos ha pedido que las pongamos en práctica en este Año Jubilar de la Misericordia. Esta imagen puede ayudarte a refrescar la memoria:


domingo, 10 de enero de 2016

"Un año nuevo de misericordia y solidaridad"

¡Feliz año 2016, queridos diocesanos!

Hemos celebrado la Navidad, tiempo en que contemplamos a Dios asumiendo la carne humana para elevar nuestra naturaleza a la dignidad de hijos de Dios. La humanidad no es indiferente para Dios, Él no  nos abandona. Sin embargo, volvemos la mirada al año pasado y vemos guerras y atentados, secuestros y persecuciones, exiliados y refugiados, una situación que el Papa califica como “tercera guerra mundial por fases”.

Ante las complejas situaciones del presente, la Iglesia nos exhorta: “Vence la indiferencia y conquista la paz”. El Papa nos invita a cambiar nuestra indiferencia ante los demás por una actitud de misericordia. El Concilio Vaticano II, cuyo cincuenta aniversario hemos celebrado en 2015, nos asegura: «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo» (GS 1).

En esta perspectiva, el Papa nos invita a rezar y trabajar para que todo cristiano pueda ejercitar un corazón humilde y compasivo, capaz de anunciar y testimoniar la misericordia, de «perdonar y de dar», de abrirse «a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea». Para eso nos concede el Jubileo de la Misericordia.

Dios, en su Hijo, se ha encarnado y se ha hecho solidario con la humanidad: «el primogénito entre muchos hermanos» nos enseña a ser misericordiosos como el Padre (Lc 6,36); en la parábola del buen samaritano denuncia la omisión de ayuda frente a la urgente necesidad de nuestros semejantes: «lo vio y pasó de largo». Así, con su ejemplo, nos invita a detenernos ante los sufrimientos de este mundo para aliviarlos.

Misericordia es el corazón de Dios. Por eso debe ser también el corazón de cuantos formamos parte de la gran familia de hijos de Dios: un corazón que late fuerte allí donde la dignidad humana está en juego. Por eso «es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella misma viva y testifique en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre» (MV 12).
La misericordia tiene una hermana: solidaridad. Consiste en «la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos» (Sollecitudo rei socialis, 38). Porque la compasión surge de la fraternidad.

La solidaridad como virtud moral y social, fruto de la conversión personal, exige el compromiso de aquellos que tienen responsabilidades de gobierno y educativas: gobernantes, familias, educadores y quienes se dedican a la cultura y a los medios de comunicación social. Necesitamos promover una cultura de solidaridad y misericordia para vencer la indiferencia. La paz es fruto de una cultura de solidaridad, misericordia y compasión.
El Papa nos anima al comenzar este año: «no perdamos la esperanza de que 2016 nos encuentre a todos firme y confiadamente comprometidos, en realizar la justicia y trabajar por la paz en los diversos ámbitos. Sí, la paz es don de Dios y obra de los hombres. La paz es don de Dios, pero confiado a todos los hombres y a todas las mujeres, llamados a llevarlo a la práctica» (Mensaje, 8/12/2015).

Que María Santísima, Madre atenta a las necesidades de la humanidad, nos obtenga de su Hijo Jesús, Príncipe de la Paz, el cumplimento de nuestras súplicas y la bendición de nuestro compromiso en favor de un mundo fraterno y solidario.


+ Jesús, Obispo de Ávila

jueves, 10 de diciembre de 2015

Apertura del Año de Misericordia en la diócesis


La diócesis de Ávila abrirá este domingo sus tres puertas santas y, con ello, dará por comenzado el Año de la Misericordia. La Catedral, el Santuario diocesano de Nuestra Señora de Sonsoles (un santuario mariano de gran devoción, dado que el Papa ha insistido mucho en que este Año Santo tengamos un recuerdo especial a María, madre de Misericordia), y el Santuario de San Pedro de Alcántara, en Arenas de San Pedro (como recuerdo al que fuera gran confesor de Santa Teresa), serán los tres templos jubilares donde se podrá lucrar la Indulgencia Plenaria en este año de gracia para toda la Iglesia. Una ocasión perfecta para la reconciliación y la búsqueda del perdón, como señalaba el delegado de la diócesis para este Año Santo, Jorge Zazo: “porque la misericordia es el núcleo del Evangelio. Por la profunda necesidad de sentirnos perdonados. Y porque el perdón es algo que en el fondo muchas veces no merecemos pero siempre necesitamos”.

Esta es la puerta de la Catedral que abrirá
solemnemente nuestro Obispo
Para poder lucrar la Indulgencia, la Iglesia de Ávila mantendrá estos templos jubilares “con un horario amplio de apertura, prácticamente desde primera hora de la mañana hasta última hora de la tarde. Y habrá también un horario predeterminado de confesores, que en ningún sitio será menos de una hora”. Asimismo, Jorge Zazo ha recordado que en este Año Santo, el Papa Francisco ha habilitado a todos los sacerdotes para que durante el Jubileo tengan la facultad de absolver determinados pecados reservados, como el del aborto, “un pecado que habitualmente tiene que ser perdonado por el obispo”.

La apertura solemne del Año de la Misericordia en nuestra diócesis se realizará este próximo domingo, con una misa estacional que presidirá a las 5 de la tarde el Obispo de Ávila. Partirá de la basílica de San Vicente hasta la Catedral, donde se realizará el rito de la apertura de la puerta de los Apóstoles. Para ganar la Indulgencia durante todo el Año de la Misericordia, la entrada a la Catedral se realizará por la puerta de la capilla de San Segundo, en la calle del mismo nombre.

En el santuario de Nuestra Señora de Sonsoles esta apertura del Año Jubilar será también el domingo 13, a las 18 horas, y lo presidirá el arcipreste de la ciudad de Ávila, Sebastián Gil, delegado por el Sr. Obispo para esta cuestión. En el Santuario de San Pedro de Alcántara los actos comenzarán a las 17:30 horas, y estarán presididos por el arcipreste de Arenas de San Pedro, Cruz Herráez.